Sant Jordi, de rosas y libros…

El día de San Jorge conmemora la muerte de éste el 23 de abril del año 303. Es, además, considerado el patrón de, entre otros, Inglaterra, Georgia, Etiopía, Bulgaria, Tombuctú, Alemania, Grecia, Líbano, Lituania, Países Bajos, Eslovenia, Portugal y México (y quién sabe dónde más…). En España lo es en las comunidades autónomas de Islas Baleares, Aragón y Cataluña, así como en Cáceres, Alcoy, Golosalvo (pequeña población de la provincia de Albacete).

Dice la leyenda que Sant Jordi era un militar romano nacido en el siglo III en la Capadocia (Turquía) —la región que cambia de nombre según el lugar donde se explique; en Cataluña se sitúa en la zona de Montblanc. El santo, que servía bajo las órdenes del emperador Diocleciano, se negó a ejecutar un edicto del emperador que le obligaba a perseguir a los cristianos y por esta razón fue martirizado y decapitado por sus coetáneos. Muy pronto se empezó a venerar como santo en la zona oriental del Imperio Romano y enseguida aparecieron historias fantásticas ligadas a su figura.

La principal —y esta es el core de la leyenda— cuenta que había un dragón que atacaba al reino. Muertos de miedo, los habitantes decidieron entregarle cada día dos corderos al dragón para satisfacer su hambre y que no atacase la villa. Pero cuando los animales empezaron a escasear se decidió enviar a una persona —escogida por sorteo— y un cordero. Aquella familia que veía cómo un miembro era devorado por el dragón recibía, a cambio, todo tipo de riquezas como compensación.

A partir de aquí, hay dos versiones de la leyenda: por un lado, que el pueblo se cansó de que ningún miembro de la familia real fuera enviado y que por tanto debía ser la princesa quien fuera devorada y, por otro, que un día fue la princesa la escogida por sorteo para acompañar al cordero. Sea como fuere, de camino hasta la cueva del dragón, la princesa se encontró al caballero Jorge, un bello caballero con armadura y éste, matando al dragón clavándole su espada, la rescató. De la sangre que brotó del cuerpo sin vida del monstruo nació una rosa roja que el caballero le entregó a la princesa.

La gesta de Sant Jordi y el dragón se hizo popular en toda Europa hacia el siglo IX y fue recogida por el arzobispo de Génova, Iacopo da Varazze, más conocido como Iacobus de Voragine, en 1264, en el libro L’. En esta versión, sin embargo, la acción transcurría en Libia.

Esta misma leyenda, con ligeras variaciones, se repite en las tradiciones populares de Inglaterra, Portugal y Grecia, entre otros países.

La gesta romántica arraigó con fuerza en los corazones de la gente por estos lares de la península ibérica y por eso, en Cataluña, Baleares y en partes de la Comunidad Valenciana es costumbre cada 23 de abril que los hombres regalen rosas a las mujeres, como si de un caballero y una princesa se trataran. Lo de que el hombre regale una rosa a la mujer, es una costumbre que se remonta al siglo XV. Algunas versiones hacen coincidir esto con la Feria de las Rosas que tenía lugar en Barcelona en aquella época. A las mujeres que el 23 de abril asistían a la misa oficiada en la capilla de Sant Jordi del Palacio de la Generalidad de Cataluña se les regalaba una rosa. Esta tradición se documenta también en el siglo XVII.

No se sabe con certeza cuándo se empezaron a regalar rosas el día de Sant Jordi. Hay constancia de que en el siglo XV, en Barcelona, era costumbre entre la nobleza acudir a misa a la capilla de Sant Jordi, en el Palacio de la Generalitat, y de que en esa misma plaza se celebraba la Feria de rosas, una vieja fiesta en la que los hombres regalaban rosas como prueba de amor. Probablemente el origen de la Feria esté en las ofrendas florales que los romanos hacían en mayo, con ocasión de los fastos de la diosa Flora. La rosa roja simboliza la pasión, y la espiga que a veces la acompaña, la fertilidad.

Y si ellos reciben rosas, ellas regalan libros.

Lo de los libros, viene de que el Rey Alfonso XIII firmó un Real Decreto el 6 de febrero de 1926 por el que se creaba oficialmente la Fiesta del Libro Español, que se celebraría en la fecha que entonces se creía que había nacido Cervantes, el 7 de octubre. La idea original fue del escritor valenciano Vicente Clavel Andrés que la propuso a la Cámara Oficial del Libro de Barcelona, donde se aprueba en marzo de 1925, proponiendo la citada entidad se celebrara en octubre de cada año, en la fecha del nacimiento de Cervantes, coincidiendo en el primer año con la Exposición del Libro Español en Buenos Aires. Poco después, en 1930, se instaura definitivamente la fecha del 23 de abril como Día del Libro, recordando el enterramiento y fallecimiento respectivamente de dos grandes de la literatura europea, Cervantes y Shakespeare, y otro hispanoamericano, Inca Garcilaso, aunque este último suele quedar en el olvido frente a los otros dos monstruos de la literatura universal (aunque esto no es tan así, porque Cervantes falleció el 22 y fue enterrado el 23 abril, mientras que Shakespeare murió el 23 de abril del Calendario Juliano, que corresponde al 3 de mayo del calendario gregoriano).

La celebración arraigó rápidamente en toda España, en especial en las ciudades sede de Universidades. Desde Barcelona, se extendió por toda Cataluña, aunque la denominación oficial se fue diluyendo poco a poco al coincidir con el día del santo Patrón, conocido como Día de San Jorge, mientras en otras zonas no universitarias de España la fiesta se mantenía con escasa importancia o incluso desaparecía. Pero, desde los años 80 del siglo XX ha vuelto la tradición con fuerza. Esta tradición fue uno de los argumentos utilizados por la UNESCO para declarar el 23 de abril “Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor”.

Con el tiempo se hizo tradicional en Cataluña el intercambio y regalo de rosas y libros entre parejas y personas queridas en esa fecha —la Diada de Sant Jordi— convirtiéndose en una de las jornadas populares más celebradas y en una fecha reinvindicativa de la cultura catalana en la que muchos balcones lucen la bandera catalana, a la que últimamente se suma la bandera independentista…

Pero, como dice Mercedes Sosa: «cambia… todo cambia…», y las señoras, además de esperar su rosa, también reclaman (reivindicación de género femenino mediante) un libro… Y los libreros y editoriales tienen así su día de felicidad soñando e que hubiera muchos días más como este en que para muchos equivale un tercio (si no más) de su facturación anual…

Y colorín colorado… este cuento se ha acabado… y feliz día para todos!!

Del blog Pensódromo
http://www.pensodromo.com/2015/04/sant-jordi-de-rosas-y-libros/

 

També et pot interessar...

Comments are closed.